La explosión de colores que iluminó el cielo de Washington y la belleza de una ceremonia de casi cuarenta millones de dólares nos deslumbró y dejó un agradable sabor. Sin embargo, ahora llega la pregunta, ¿y ahora?
Ahora vendrán las acciones por tomar, las reacciones a la crisis, el conflicto de Gaza, Medio Oriente, Corea, los Balcanes e Irán, un sin fin de situaciones que deberá afrontar el presidente electo de los Estados Unidos, todos con una presión tan sentida que difícilmente podamos entender. En fin, vendrá el tiempo de actuar.
Al mismo tiempo, caerá la Obamanía, el fanatismo a un hombre cuya única diferencia real ha sido ser sincero y directo (aunque claro, esto supone un cambio radical dentro del pensamiento político americano). Finalmente nos veremos forzados a decepcionarnos, ya sea por que sus planes se vean truncados, no los cumpla o simplemente se pierdan en las siempre abundantes palabras dichas pero nunca cumplidas. Pero creo que el legado histórico que Obama va a dejar no es sobre sus logros con estos tiempos de crisis económica, ni la salida de Irak, no, su logro va a ser haber rebuscado dentro de esta generación y sacar algo que se creía perdido: la esperanza, la sensación de que el cambio está a la vuelta de la esquina y que somos parte de él. Basta con observar las muestras de aprecio, de apasionamiento con su campaña y su idealización para entender lo fuerte que nos mueve este sentimiento. La esperanza, me atrevo a decir, parece haber sido el motor que llevó a este hombre a la Casa Blanca.
Por eso criticar y volverle la espalda a este presidente en cuanto empiece a tomar decisiones que debe tomar no va a ser justo, debemos reconocer que Barack Obama ha hecho surgir una de las virtudes más sanas que se pueden tener. Obama le ha dado un cambio importante a las nuevas generaciones, les ha dado las posibilidades del cambio, el cambio impulsado y creado por ellos, además de una sensación de comunidad muy fuerte, una situación que lleva esperando hace ya muchos años.
Obama finalmente ha hecho estallar la burbuja de conciencia. Ahora falta aprender a usarla.








